sábado, 9 de febrero de 2013
viernes, 8 de febrero de 2013
Carta para ti
Pasan las lunas y sigo en el olvido. Espero paciente que me dejes volver. Quiero llenar de nuevo tus días de color. Anhelo tu sonrisa.
La vida no es fácil lo sé, pero si me dejas acompañarte en tu camino puedo hacer que lo sea. Al menos te daré fuerzas para afrontar los contratiempos, no te hundiré como ellas.
¿Recuerdas cuando eras niño? yo estaba contigo. Es cierto que entonces no sabías quien era yo, solo cuando salí de tu vida y dejaste que ellas entraran, solo entonces te diste cuenta de que existía.
Sé que me esperas, me deseas y sabes que a pesar de todo que yo vuelva solo depende de ti, está en tus manos. Tienes que luchar contra ellas, apártalas de tu pensamiento y saldrán de tu corazón.
Solo entonces podré mandar a mis compañeras, esperanza, ilusión y alegría, ellas abrirán el camino para que yo vuelva a tu vida.
PD; No tardes, piensa que el tiempo pasa rápido.
Felicidad.
lunes, 7 de enero de 2013
Taxi 164
Era una noche cerrada, apenas se veía
la luna, aunque no hacía falta su luz, una pareja de enamorados iluminaba la
calle a medida que pasaban. Sus pasos eran lentos, parecían no querer llegar a
ningún lugar, solo permanecer
juntos, mientras una suave y cálida brisa acariciaba sus rostros.
Un beso furtivo y apasionado llenó la calle de colores, los colores del
amor. Después, prosiguieron pausadamente su camino, al llegar a un cruce subieron a un taxi. En el trayecto,
silencio, entre ellos no hacían falta las palabras, sus miradas y sus manos
buscándose tímidamente lo decían todo. Iban deshojando la margarita del amor y todos sus pétalos decían sí.
Eran como dos adolescentes viviendo su primer amor, ese que nunca se olvida y
se vive tan intensamente.
Fue un corto trayecto el que les acercó a su destino y con él llegaba el momento de la despedida. En sus rostros se adivinaban los sentimientos y hasta podían oírse sus pensamientos. Apuesto a que deseaban parar el tiempo, que aquel día no acabara. Nunca se había sentido en aquel modesto taxi tanto amor flotando en el ambiente.
El taxímetro se paró. Un adiós y dos besos rompían aquella nube en la que parecían viajar. Se miraron a los ojos por última vez, bajaron del taxi y emprendieron su camino por separado. Ella, se alejaba con semblante emocionado, alegre y triste a la vez, se giró buscándolo con la mirada, su mano decía adiós pero sus ojos; te amaré por siempre. Él, parado, observándola apretaba los labios mientras la veía alejarse. Se podían sentir el latir de su corazón, y el alborozo de su alma inundada de felicidad.
Fue un corto trayecto el que les acercó a su destino y con él llegaba el momento de la despedida. En sus rostros se adivinaban los sentimientos y hasta podían oírse sus pensamientos. Apuesto a que deseaban parar el tiempo, que aquel día no acabara. Nunca se había sentido en aquel modesto taxi tanto amor flotando en el ambiente.
El taxímetro se paró. Un adiós y dos besos rompían aquella nube en la que parecían viajar. Se miraron a los ojos por última vez, bajaron del taxi y emprendieron su camino por separado. Ella, se alejaba con semblante emocionado, alegre y triste a la vez, se giró buscándolo con la mirada, su mano decía adiós pero sus ojos; te amaré por siempre. Él, parado, observándola apretaba los labios mientras la veía alejarse. Se podían sentir el latir de su corazón, y el alborozo de su alma inundada de felicidad.
Absorto en sus
pensamientos emprendió la marcha; Tengo que pedir el traslado a su residencia.
![]() |
| Ilustración; Gonzalo Torné. |
sábado, 24 de noviembre de 2012
El limonero
Primeras
palabras
Pausadamente te fuiste en
silencio
Antes del amanecer.
Presente cada día estarás
Ágora de amor es mi alma, donde
siempre vivirás.
Verónica Grau.
A la memoria de un gran personaje de Gavà, buen esposo y buen padre, Don
Agustín Grau.
Don Agustín, un hombre de mediana edad, de tenaz
temperamento, ancho de espaldas, musculoso, resuelto de ademanes, firme de
andadura, de mirada intrépida, ágil caminando, tanto por el llano, por la
playa, como por la sierra, era muy querido en Gavà, dado que con dinero y sin
dinero en su colmado les daba a los pobres lo que necesitaban en su hogar.
Ese día había amanecido muy alegre, pues tenía planeado irse a la montaña en busca de un árbol, el más hermoso que encontrara; lo necesitaba para celebrar la Navidad.
Después del desayuno, con su nena por un lado, había ido al establo para echarles su respectiva alfalfa a los caballos, a las vacas y a las ovejas; después tomó el camino de la sierra de Ponent, en donde, paso a paso, con alguna rama seca tirada por ahí, apaleaba las verdes ramas de las zarzas llenas de agudas uñas que se prendían a su ropa.
Anduvo por allí, luego por allá, siempre observando a los seductores grupos de abedules, de robles y de pinos, echándose al cesto espárragos y setas. Con el paso de las horas Don Agustín se volvía intranquilo, pues no encontraba el árbol que en tal ocasión le sirviera de arbolito navideño.
Siguiendo las múltiples veredas que le salían al paso, cruzándose caprichosamente, como si de atormentarlo se tratara, las horas se le fueron yendo al día.
Se sentó en el tronco de un roble derribado, se sostuvo el rostro con la mano, preocupado.
-¿Y ahora qué hago? Se ha puesto el sol… ¿regreso a casa? ¡No, imposible! le prometí a mi familia que les llevaría el árbol para adornarlo y celebrar la Navidad, pero no lo encuentro; el que no está desaliñado, o es muy grande o muy pequeño.
Estos tristes pensamientos se habían apoderado de aquel hombre, cuando a lo lejos escuchó una voz; aguzó el oído, y se dio cuenta de que era la de uno de sus hijos.
-¡Papá! -¡pa... pa... pá…! -Repitió el eco en el talud cercano.
-¿Me escucha... a... a... a... a…?
-¡Que ya no busque... e... e... e...! ¡Que ya encontraron el árbol navideño… o... o... o... o…!
No esperó más nuestro personaje; se paró y se echó a rodar, prácticamente, cerro abajo.
Encontró al joven apoyado en el tronco de un roble.
-¿Qué ocurre, hijo?
-No pregunte y sígame. Lo esperan en casa.
Llegaron. En la puerta estaba una agraciada y linda niña.
-¿Qué pasa, mi pequeña nena?
-Que ya no necesitas buscar en la montaña. En cuanto saliste esta mañana, en el patio se reunieron los árboles del huerto. Querían elegir al que en este año fuera nuestro árbol navideño. Por unanimidad salió electo el limonero. ¿Te das cuenta, mi querido papi? Aún no han terminado de adornarlo; el naranjo es el encargado de las coloridas esferas titilantes, y se ha pasado el día completo en eso, pero con tan mala suerte, que son más las que rompe que las que logra colocar entre las verdes ramas. El granado, por ser el más viejo y por lo tanto el más sabio, dirige los trabajos, y mira, no deja de regañar al naranjo que a las multicolores serpentinas las hace mil pedazos. Por eso las ves que cuelgan enredadas sin orden ni concierto; pero, por fortuna interviene el gentil rosal que los auxilia, poniendo parpadeantes foquitos luminosos, reinando de nuevo la armonía.
-Pero, mi querido papi, entra, que en el patio te espera la familia. Se ha organizado una singular orquesta. He sabido que todos los animales de la granja darán un concierto de lo más hermoso, pues desean interpretar, si tú lo apruebas, el Capricho Español, de Rimsky-Korsakov. ¡Oh, mira, los músicos se acercan; traen sus instrumentos!
-Pero, ¡qué disparate es éste, mi querida nena! ¿Por qué a la vaca le dieron el violín y a la gallina el contrabajo? ¡Esto es el colmo…! ¡El caballo con la flauta y el quejumbroso gallo con la tuba!
-Es comprensible papi; los músicos nada más siguieron las instrucciones de la señora directora de la orquesta.
-¿Y quién es esa atrevida directora, si puedes informarme, mi preciosa nena?
-Te lo diré. Pero antes has de prometerme que no vas a enojarte; recuerda que todo se perdona en Navidad.
-Bien, bien, no voy a contrariarme. ¿De quién se trata?
-Mira, papi, ya se acerca, pavoneándose…
-¿Lesca, mi perrita Lesca? ¿Y con la batuta? ¡Por Dios! ¿Sabrá dirigir tal obra?
-Me aseguró que sí; que esto, que lo otro, que si a la hora de la hora no les saliera bien el Capricho Español, la emprenderían con el Niño del Tambor.
-Bien, bien. Pero, ¿dónde está tu mamá?
-En la cocina, papi. Ha elaborado unos dulces muy sabrosos; El roscón de reyes está de rechupete.
-Gracias, nena mía. Gracias a todos, familia muy querida, me hacéis muy feliz.
Las Navidades pasaron felices entre dulces, música y lo mejor: el amor de la familia.
Ese día había amanecido muy alegre, pues tenía planeado irse a la montaña en busca de un árbol, el más hermoso que encontrara; lo necesitaba para celebrar la Navidad.
Después del desayuno, con su nena por un lado, había ido al establo para echarles su respectiva alfalfa a los caballos, a las vacas y a las ovejas; después tomó el camino de la sierra de Ponent, en donde, paso a paso, con alguna rama seca tirada por ahí, apaleaba las verdes ramas de las zarzas llenas de agudas uñas que se prendían a su ropa.
Anduvo por allí, luego por allá, siempre observando a los seductores grupos de abedules, de robles y de pinos, echándose al cesto espárragos y setas. Con el paso de las horas Don Agustín se volvía intranquilo, pues no encontraba el árbol que en tal ocasión le sirviera de arbolito navideño.
Siguiendo las múltiples veredas que le salían al paso, cruzándose caprichosamente, como si de atormentarlo se tratara, las horas se le fueron yendo al día.
Se sentó en el tronco de un roble derribado, se sostuvo el rostro con la mano, preocupado.
-¿Y ahora qué hago? Se ha puesto el sol… ¿regreso a casa? ¡No, imposible! le prometí a mi familia que les llevaría el árbol para adornarlo y celebrar la Navidad, pero no lo encuentro; el que no está desaliñado, o es muy grande o muy pequeño.
Estos tristes pensamientos se habían apoderado de aquel hombre, cuando a lo lejos escuchó una voz; aguzó el oído, y se dio cuenta de que era la de uno de sus hijos.
-¡Papá! -¡pa... pa... pá…! -Repitió el eco en el talud cercano.
-¿Me escucha... a... a... a... a…?
-¡Que ya no busque... e... e... e...! ¡Que ya encontraron el árbol navideño… o... o... o... o…!
No esperó más nuestro personaje; se paró y se echó a rodar, prácticamente, cerro abajo.
Encontró al joven apoyado en el tronco de un roble.
-¿Qué ocurre, hijo?
-No pregunte y sígame. Lo esperan en casa.
Llegaron. En la puerta estaba una agraciada y linda niña.
-¿Qué pasa, mi pequeña nena?
-Que ya no necesitas buscar en la montaña. En cuanto saliste esta mañana, en el patio se reunieron los árboles del huerto. Querían elegir al que en este año fuera nuestro árbol navideño. Por unanimidad salió electo el limonero. ¿Te das cuenta, mi querido papi? Aún no han terminado de adornarlo; el naranjo es el encargado de las coloridas esferas titilantes, y se ha pasado el día completo en eso, pero con tan mala suerte, que son más las que rompe que las que logra colocar entre las verdes ramas. El granado, por ser el más viejo y por lo tanto el más sabio, dirige los trabajos, y mira, no deja de regañar al naranjo que a las multicolores serpentinas las hace mil pedazos. Por eso las ves que cuelgan enredadas sin orden ni concierto; pero, por fortuna interviene el gentil rosal que los auxilia, poniendo parpadeantes foquitos luminosos, reinando de nuevo la armonía.
-Pero, mi querido papi, entra, que en el patio te espera la familia. Se ha organizado una singular orquesta. He sabido que todos los animales de la granja darán un concierto de lo más hermoso, pues desean interpretar, si tú lo apruebas, el Capricho Español, de Rimsky-Korsakov. ¡Oh, mira, los músicos se acercan; traen sus instrumentos!
-Pero, ¡qué disparate es éste, mi querida nena! ¿Por qué a la vaca le dieron el violín y a la gallina el contrabajo? ¡Esto es el colmo…! ¡El caballo con la flauta y el quejumbroso gallo con la tuba!
-Es comprensible papi; los músicos nada más siguieron las instrucciones de la señora directora de la orquesta.
-¿Y quién es esa atrevida directora, si puedes informarme, mi preciosa nena?
-Te lo diré. Pero antes has de prometerme que no vas a enojarte; recuerda que todo se perdona en Navidad.
-Bien, bien, no voy a contrariarme. ¿De quién se trata?
-Mira, papi, ya se acerca, pavoneándose…
-¿Lesca, mi perrita Lesca? ¿Y con la batuta? ¡Por Dios! ¿Sabrá dirigir tal obra?
-Me aseguró que sí; que esto, que lo otro, que si a la hora de la hora no les saliera bien el Capricho Español, la emprenderían con el Niño del Tambor.
-Bien, bien. Pero, ¿dónde está tu mamá?
-En la cocina, papi. Ha elaborado unos dulces muy sabrosos; El roscón de reyes está de rechupete.
-Gracias, nena mía. Gracias a todos, familia muy querida, me hacéis muy feliz.
Las Navidades pasaron felices entre dulces, música y lo mejor: el amor de la familia.
**********
Quiero dar las gracias a Jorge Martínez (Volivar) que muy
amablemente me ha dedicado su tiempo, me ha ayudado y participado en
la creación de esta historia/homenaje a mi padre.
10-11-2012
lunes, 12 de noviembre de 2012
Te extraño
Quiero compartir en mi espacio el regalo de una amiga, Norma Ángela Negra Michelli. Es un precioso poema dedicado a mi padre. Ella ha plasmado en este poema lo que siento ahora mismo y que hoy por hoy soy incapaz de escribir. Mil gracias, Norma, es un precioso detalle que no olvidaré jamás.
Padre noble y honesto
Ejemplo de dignidad.
Fuiste un ave, remontando el cielo.
Para no regresar.
Te extraña el sol de la mañana.
Te extraña el día, al despertar.
Te extrañan todos los que te quieren
Pero yo te extraño más.
Fuiste un pájaro de la pradera.
Revoloteando de aquí y de allá.
Fuiste el abrazo de tu familia.
Y ahora eres cielo de paz.
Ejemplo de dignidad.
Fuiste un ave, remontando el cielo.
Para no regresar.
Te extraña el sol de la mañana.
Te extraña el día, al despertar.
Te extrañan todos los que te quieren
Pero yo te extraño más.
Fuiste un pájaro de la pradera.
Revoloteando de aquí y de allá.
Fuiste el abrazo de tu familia.
Y ahora eres cielo de paz.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Momentos
viernes, 17 de agosto de 2012
La testa 206
El autor de esta historia es mi buen amigo, Machison.
En el valle D´ Ouverage todo había sido un desastre desde
que Gilles D´Rais comenzara su horrible carrera de muerte y destrucción. Son
muchas las leyendas y textos que hablan de sus crueles andanzas a las que
sometió a regiones enteras y sin posible defensa. Una reunión ceremonial fue el
origen de que la espada pétrea comenzara su sistemático trabajo en la zona de
Retz, y Bretaña donde se dice que cometió terribles atrocidades llegando a matar
a 10.000 personas incluidos niños de corta edad.
-Lo que pasa aquí es que falta una cabeza…una puta cabeza…
Dijo Gilles a Jakin Locner, uno de sus soldados de
confianza, mientras señalaba un estandarte vacío del centro de una fila de
ellos, jalonados por cientos de cabezas humanas todavía sangrantes.
-Según el censo del pueblo eran 206 estacas…esas se
pusieron.
- ¿No comprendes que no puedo dar de cenar a mis invitados
sin esa cabeza? ¿O prefieres que la tuya ocupe su lugar mi buen Locner?...Esa
estaca que está encima de mi asiento es la primera que se vislumbra… ¡Ve! ¡Y
trae un rostro bello para ese buen lugar!
El oficial se queda pensativo y a continuación responde.
- Hemos acabado con toda la gente del valle a quien matar, y
no tenemos tiempo de ir a buscar a nadie. Sólo queda una solución, elige a
alguien de tu milicia para que ocupe su lugar. Mi rostro es muy feo y no te
haría buen avío…
-Si el censo marcó ese número, ese número de estacas
calzadas debe ser. Alguien ha escapado. ¡Buscadle! ¡Y traedlo aquí antes de las
12!
-Nadie os dice que sea una testa bella esa que tanto afán os
suscita…
-Sí lo es, lo presiento…
El agua del arroyo llega a ser gélida en esta época del año,
pero tan refrescante para un joven rostro magullado como la mejor árnica de
espliego. Las ondas concéntricas y cristalinas dejan entrever una tez suave y
delicada, surcada por finos y largos cabellos dorados, ahora muy enmarañados
después de la gran correría por el bosque. Todavía retumban en sus oídos los
gritos de horror y el silbido de las afiladas espadas y su chocar contra la
carne. Atrás quedó toda una vida, atrás quedó la injusta muerte…
-Si llevas ese vestido tan largo te va a ser incómodo tu
viaje, muchachita…
La voz…como surgida del suelo del bosque, no asusta a la
chica, que con aire, eso sí de sorpresa, indaga con sus ojos en la sombra
nocturna sólo alumbrada por los tenues rayos de la luna…Después pregunta con
gran intriga…
-¿Quién?... ¿quién está ahí?
-¿Cómo qué quién está ahí? Será aquí… ¡Aquí abajo! ¡Eeeeeeyyyyyy!
En la oscuridad azul de la luna llena una figurilla pequeña
y humanoide hace señas hacía sí con gran tesón, mientras sigue hablando.
- Chica, si es que a veces no tenéis ojos, casi me pisas ¡no
llevas cuidado!
-¿Quién eres tú pequeño ser?
- No tengo tiempo de explicaciones. Vengo a traerte algo.
Los humanos y nosotros nunca hemos congeniado, pero mi amigo Tarús, el pastor,
siempre me dejaba un regalo.
Él yace ahora ahí, en el castillo de Rais como estandarte
para un evento, y a ti también te quieren hacer lo mismo. Te están buscando,
pero tú debes escapar y comunicar al obispo lo que ocurre sin demora. Eres el
único medio entre el mundo y su reino de terror.
-No sé si podré hacerlo, estoy muy cansada, no llegaré…
-Yo te daré algo que te ayudará a vivir, es la única
solución, pero te lo advierto, ten en cuenta que a cambio de la vida deberás
pagar un precio muy alto que descubrirás en su momento.
La pequeña criatura vestida de corteza pardusca extiende su
minúscula mano y entrega algo a la muchacha parecido a una raíz totalmente
desconocida para ella.
-Toma esto. Si los hombres de Rais te descubren, no pierdas
tiempo, cómelo y todo se andará. ¡Adiós!
Nada más mencionar estas palabras la criatura desaparece con
un sonido parecido al que hace un fogón de pólvora avivado, todo queda
silencioso, y la tensión angustiosa de la joven se acrecienta conforme inicia
la caminata hacia su destino.
El camino agreste se hace penoso. La senda con ramas y
espinos hace mella en su fina piel, cuando comienza a escuchar los cascos de
caballos en la lejanía. Sin apenas resuello, la boca se seca y el pulso se
acelera en una carrera de desesperación por la noche boscosa, cuando el sonido
antes lejano ahora se oye mucho más cerca. Una rama traicionera hace su sucio trabajo
y tras un inoportuno tropiezo la frágil dama queda tendida en el bosque,
rendida…ha sido inútil el esfuerzo- ¡Me van a matar!-Piensa mientras escucha la
voz de sus captores, que ya están encima.
-¡Vaya, vaya! ¡Que tenemos aquí! ¡La testa 206!
Un lapsus en medio del terror le hace acordarse… -¡El regalo
de la criatura! ¡Este debe ser el momento!
Mientras los hombres bajan de sus caballos, la muchacha
traga la pequeña salvación. Todo se nubla en su mente y los segundos parecen
ser años antes de escuchar las próximas palabras de boca de Locner.
- ¡Mierda! ¡No podemos llevarle esta cabeza!- Grita el
oficial levantando del pelo a la muchacha.
El siguiente gesto de Locner es rápido, y por sorpresa
cuando de un tajo le corta la cabeza a uno de sus soldados más cercanos…
-Bien le llevaremos ésta…Valderois no era mal parecido, jeje
Dicen las crónicas, que esa noche D´ Rais pudo ofrecer una
gran velada a sus invitados, nadie comentó nada sobre su estaca de cabecera, y
también contaron que una mujer llegó al cabo de semanas ante la presencia de
Jean de Malestroit obispo de Nantes, y gracias a su información se pudo acusar
a Rais de graves crímenes…
Al obispo le extrañó que aquella mujer hubiera podido llegar
hasta su presencia, sobre todo teniendo en cuenta que era…Una anciana.
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