miércoles, 12 de septiembre de 2012
viernes, 17 de agosto de 2012
La testa 206
El autor de esta historia es mi buen amigo, Machison.
En el valle D´ Ouverage todo había sido un desastre desde
que Gilles D´Rais comenzara su horrible carrera de muerte y destrucción. Son
muchas las leyendas y textos que hablan de sus crueles andanzas a las que
sometió a regiones enteras y sin posible defensa. Una reunión ceremonial fue el
origen de que la espada pétrea comenzara su sistemático trabajo en la zona de
Retz, y Bretaña donde se dice que cometió terribles atrocidades llegando a matar
a 10.000 personas incluidos niños de corta edad.
-Lo que pasa aquí es que falta una cabeza…una puta cabeza…
Dijo Gilles a Jakin Locner, uno de sus soldados de
confianza, mientras señalaba un estandarte vacío del centro de una fila de
ellos, jalonados por cientos de cabezas humanas todavía sangrantes.
-Según el censo del pueblo eran 206 estacas…esas se
pusieron.
- ¿No comprendes que no puedo dar de cenar a mis invitados
sin esa cabeza? ¿O prefieres que la tuya ocupe su lugar mi buen Locner?...Esa
estaca que está encima de mi asiento es la primera que se vislumbra… ¡Ve! ¡Y
trae un rostro bello para ese buen lugar!
El oficial se queda pensativo y a continuación responde.
- Hemos acabado con toda la gente del valle a quien matar, y
no tenemos tiempo de ir a buscar a nadie. Sólo queda una solución, elige a
alguien de tu milicia para que ocupe su lugar. Mi rostro es muy feo y no te
haría buen avío…
-Si el censo marcó ese número, ese número de estacas
calzadas debe ser. Alguien ha escapado. ¡Buscadle! ¡Y traedlo aquí antes de las
12!
-Nadie os dice que sea una testa bella esa que tanto afán os
suscita…
-Sí lo es, lo presiento…
El agua del arroyo llega a ser gélida en esta época del año,
pero tan refrescante para un joven rostro magullado como la mejor árnica de
espliego. Las ondas concéntricas y cristalinas dejan entrever una tez suave y
delicada, surcada por finos y largos cabellos dorados, ahora muy enmarañados
después de la gran correría por el bosque. Todavía retumban en sus oídos los
gritos de horror y el silbido de las afiladas espadas y su chocar contra la
carne. Atrás quedó toda una vida, atrás quedó la injusta muerte…
-Si llevas ese vestido tan largo te va a ser incómodo tu
viaje, muchachita…
La voz…como surgida del suelo del bosque, no asusta a la
chica, que con aire, eso sí de sorpresa, indaga con sus ojos en la sombra
nocturna sólo alumbrada por los tenues rayos de la luna…Después pregunta con
gran intriga…
-¿Quién?... ¿quién está ahí?
-¿Cómo qué quién está ahí? Será aquí… ¡Aquí abajo! ¡Eeeeeeyyyyyy!
En la oscuridad azul de la luna llena una figurilla pequeña
y humanoide hace señas hacía sí con gran tesón, mientras sigue hablando.
- Chica, si es que a veces no tenéis ojos, casi me pisas ¡no
llevas cuidado!
-¿Quién eres tú pequeño ser?
- No tengo tiempo de explicaciones. Vengo a traerte algo.
Los humanos y nosotros nunca hemos congeniado, pero mi amigo Tarús, el pastor,
siempre me dejaba un regalo.
Él yace ahora ahí, en el castillo de Rais como estandarte
para un evento, y a ti también te quieren hacer lo mismo. Te están buscando,
pero tú debes escapar y comunicar al obispo lo que ocurre sin demora. Eres el
único medio entre el mundo y su reino de terror.
-No sé si podré hacerlo, estoy muy cansada, no llegaré…
-Yo te daré algo que te ayudará a vivir, es la única
solución, pero te lo advierto, ten en cuenta que a cambio de la vida deberás
pagar un precio muy alto que descubrirás en su momento.
La pequeña criatura vestida de corteza pardusca extiende su
minúscula mano y entrega algo a la muchacha parecido a una raíz totalmente
desconocida para ella.
-Toma esto. Si los hombres de Rais te descubren, no pierdas
tiempo, cómelo y todo se andará. ¡Adiós!
Nada más mencionar estas palabras la criatura desaparece con
un sonido parecido al que hace un fogón de pólvora avivado, todo queda
silencioso, y la tensión angustiosa de la joven se acrecienta conforme inicia
la caminata hacia su destino.
El camino agreste se hace penoso. La senda con ramas y
espinos hace mella en su fina piel, cuando comienza a escuchar los cascos de
caballos en la lejanía. Sin apenas resuello, la boca se seca y el pulso se
acelera en una carrera de desesperación por la noche boscosa, cuando el sonido
antes lejano ahora se oye mucho más cerca. Una rama traicionera hace su sucio trabajo
y tras un inoportuno tropiezo la frágil dama queda tendida en el bosque,
rendida…ha sido inútil el esfuerzo- ¡Me van a matar!-Piensa mientras escucha la
voz de sus captores, que ya están encima.
-¡Vaya, vaya! ¡Que tenemos aquí! ¡La testa 206!
Un lapsus en medio del terror le hace acordarse… -¡El regalo
de la criatura! ¡Este debe ser el momento!
Mientras los hombres bajan de sus caballos, la muchacha
traga la pequeña salvación. Todo se nubla en su mente y los segundos parecen
ser años antes de escuchar las próximas palabras de boca de Locner.
- ¡Mierda! ¡No podemos llevarle esta cabeza!- Grita el
oficial levantando del pelo a la muchacha.
El siguiente gesto de Locner es rápido, y por sorpresa
cuando de un tajo le corta la cabeza a uno de sus soldados más cercanos…
-Bien le llevaremos ésta…Valderois no era mal parecido, jeje
Dicen las crónicas, que esa noche D´ Rais pudo ofrecer una
gran velada a sus invitados, nadie comentó nada sobre su estaca de cabecera, y
también contaron que una mujer llegó al cabo de semanas ante la presencia de
Jean de Malestroit obispo de Nantes, y gracias a su información se pudo acusar
a Rais de graves crímenes…
Al obispo le extrañó que aquella mujer hubiera podido llegar
hasta su presencia, sobre todo teniendo en cuenta que era…Una anciana.
domingo, 1 de julio de 2012
Mis más sentidos agradecimientos a Gonzalo Torné por permitirme que su magnífica obra acompañe mi poema. Y a Manuel Lopéz Rey por sus consejos y correcciones en mis textos.
P.D. Tenéis los dos una infinita paciencia ¡Gracias!
lunes, 4 de junio de 2012
El color de las palabras
Obras de Gonzalo Torné con textos de Verónica Grau.
Estas obras nacen del diálogo entre los textos y la pintura. En ellas la belleza de los colores y las formas se fusionan con las palabras y los sentimientos, creando así estas magníficas obras. Un cruce de caminos que hace de mis sueños una realidad.
Mis agradecimientos al artista plástico Gonzalo Torné por dar vida a mis textos. Es todo un honor para mí ver mi firma junto a la de un genio.
Obras de Gonzalo Torné con textos de Verónica Grau.
Estas obras nacen del diálogo entre los textos y la pintura. En ellas la belleza de los colores y las formas se fusionan con las palabras y los sentimientos, creando así estas magníficas obras. Un cruce de caminos que hace de mis sueños una realidad.
Mis agradecimientos al artista plástico Gonzalo Torné por dar vida a mis textos. Es todo un honor para mí ver mi firma junto a la de un genio.
sábado, 7 de abril de 2012
El despertar
Sentada en el sofá voy repasando mentalmente el día con el sonido de fondo del televisor. Un murmullo más bien, al qué ni tan siquiera presto atención. Los ojos se me cierran, los destellos de la pantalla me molestan, todo en ella me molesta.
Me intento aislar a través de la música. Todo para no salirme de mi círculo, aquel que dibujé y repasé una y otra vez sin ser consciente de su significado. De repente algo extraño empieza a suceder.
A mí alrededor una espiral va tomando forma, y se convierte en una montaña rusa. Una de sus vagonetas para frente a mí. Una fuerza me invita a subir. Dudo, mi cabeza me dice que no debo subir pero el corazón me dice lo contrario. Y por una vez el corazón gana el pulso.
La vagoneta empieza a coger velocidad, todo va muy deprisa, no tengo tiempo de pensar en nada. Subidas y bajadas de vértigo, tengo miedo y aún así me gusta, me siento libre.
Alguien me acaricia el hombro. Miro a mi derecha y veo una silueta, es transparente. Soy incapaz de articular palabra.
—Hola ¿Dónde has estado todo este tiempo? —me pregunta una voz. Es una voz de mujer.
Sigo inmóvil mirando la silueta. La voz surge de ella, pero no tiene rostro ¿Cómo es posible? …
— ¿Quién eres? ¿Qué eres? —le pregunto mientras trato de tocarla, sin éxito. Su esencia pasa entre mis dedos como el aire.
— ¿De veras no sabes quién soy? Bien, no te preocupes acabaras reconociéndome. Sólo hace falta un poco tiempo, el primer paso ya lo has dado. Sólo puedo decirte que siempre he estado contigo y sabía que volverías.
Tras estas palabras, desaparece, dejándome llena de incógnitas. La vagoneta frena en seco, la puerta se abre. De nuevo las dudas… Pasados unos minutos decido qué no, no quiero bajar, mi viaje acaba de comenzar —me digo mientras cierro la puerta enérgicamente. El golpe me hace abrir los ojos. Todo sigue igual a mí alrededor. Ha debido ser un sueño.
Me levanto y me dirijo al escritorio. Allí, rebusco en los cajones y encuentro mi diario. No escribía en él desde hacia muchísimos años. Con él en las manos miro a través del ventanal y veo la luna más llena y preciosa que nunca. Salgo a la terraza en busca de su luz y bajo su mirada tomo asiento y empiezo a leer.
Me estoy dando cuenta a medida que leo, qué allí están escritos episodios difíciles de mi vida. Siento que empiezo a despertar a la vida. Tengo la necesidad de escribir. Las palabras empiezan amontonarse en mi mente, escribo versos que salen directos del corazón. Mi imaginación vuela. Fantasía y realidad se mezclan creando historias. Deseos y vivencias cobran vida a través de las palabras.
Han pasado varios meses desde aquel momento, aquel instante en qué sin darme cuenta comencé la búsqueda de mi misma, en la que todavía me encuentro. Sigo en la montaña rusa de los sentimientos, pero cada vez me siento más lejos del miedo y más cerca de mis sueños.
He descubierto un mundo de colores, palabras, formas y sensaciones que llenan mi vida de ilusiones. Mañanas color malva y tardes doradas. Pasan las lunas repletas de besos azul noche. Lágrimas de emoción, mientras siento la música de las palabras.
Cada vez que me miro en el espejo vuelvo a ver aquella silueta y poco a poco su rostro se va distinguiendo, voy descubriendo mi verdadero yo. Aquel que estaba adormilado, perdido, o quizás escondido y asustado.
Me intento aislar a través de la música. Todo para no salirme de mi círculo, aquel que dibujé y repasé una y otra vez sin ser consciente de su significado. De repente algo extraño empieza a suceder.
A mí alrededor una espiral va tomando forma, y se convierte en una montaña rusa. Una de sus vagonetas para frente a mí. Una fuerza me invita a subir. Dudo, mi cabeza me dice que no debo subir pero el corazón me dice lo contrario. Y por una vez el corazón gana el pulso.
La vagoneta empieza a coger velocidad, todo va muy deprisa, no tengo tiempo de pensar en nada. Subidas y bajadas de vértigo, tengo miedo y aún así me gusta, me siento libre.
Alguien me acaricia el hombro. Miro a mi derecha y veo una silueta, es transparente. Soy incapaz de articular palabra.
—Hola ¿Dónde has estado todo este tiempo? —me pregunta una voz. Es una voz de mujer.
Sigo inmóvil mirando la silueta. La voz surge de ella, pero no tiene rostro ¿Cómo es posible? …
— ¿Quién eres? ¿Qué eres? —le pregunto mientras trato de tocarla, sin éxito. Su esencia pasa entre mis dedos como el aire.
— ¿De veras no sabes quién soy? Bien, no te preocupes acabaras reconociéndome. Sólo hace falta un poco tiempo, el primer paso ya lo has dado. Sólo puedo decirte que siempre he estado contigo y sabía que volverías.
Tras estas palabras, desaparece, dejándome llena de incógnitas. La vagoneta frena en seco, la puerta se abre. De nuevo las dudas… Pasados unos minutos decido qué no, no quiero bajar, mi viaje acaba de comenzar —me digo mientras cierro la puerta enérgicamente. El golpe me hace abrir los ojos. Todo sigue igual a mí alrededor. Ha debido ser un sueño.
Me levanto y me dirijo al escritorio. Allí, rebusco en los cajones y encuentro mi diario. No escribía en él desde hacia muchísimos años. Con él en las manos miro a través del ventanal y veo la luna más llena y preciosa que nunca. Salgo a la terraza en busca de su luz y bajo su mirada tomo asiento y empiezo a leer.
Me estoy dando cuenta a medida que leo, qué allí están escritos episodios difíciles de mi vida. Siento que empiezo a despertar a la vida. Tengo la necesidad de escribir. Las palabras empiezan amontonarse en mi mente, escribo versos que salen directos del corazón. Mi imaginación vuela. Fantasía y realidad se mezclan creando historias. Deseos y vivencias cobran vida a través de las palabras.
Han pasado varios meses desde aquel momento, aquel instante en qué sin darme cuenta comencé la búsqueda de mi misma, en la que todavía me encuentro. Sigo en la montaña rusa de los sentimientos, pero cada vez me siento más lejos del miedo y más cerca de mis sueños.
He descubierto un mundo de colores, palabras, formas y sensaciones que llenan mi vida de ilusiones. Mañanas color malva y tardes doradas. Pasan las lunas repletas de besos azul noche. Lágrimas de emoción, mientras siento la música de las palabras.
Cada vez que me miro en el espejo vuelvo a ver aquella silueta y poco a poco su rostro se va distinguiendo, voy descubriendo mi verdadero yo. Aquel que estaba adormilado, perdido, o quizás escondido y asustado.
![]() |
Ilustración : Gonzalo Torné Mi agradecimiento a Gonzalo Torné, por realizar esta ilustración, la cual es todo un honor para mi. Muchas gracias Gonzalo. |
miércoles, 28 de marzo de 2012
Tú... X
Tú, sol que acaricia mis mañanas,
yo, luna que vela tus sueños.
Almas que anhelan poseer alas,
evadirse y fundirse en un abrazo.
Tú, tierra firme y serena,
yo, un mar de lágrimas de amor.
Dirijo mis pasos hacia la arena,
dejando atrás el temor.
Forjando lentamente una amistad,
pura y bella como un amanecer.
Lugar de cobijo en la tempestad,
que me ayuda cada día a renacer.
Arrópame con tu manto de cálido amor.
Ruego a la vida que no te aparte de mi lado,
quiero devolverte con creces
todo el amor que me has dado.
yo, luna que vela tus sueños.
Almas que anhelan poseer alas,
evadirse y fundirse en un abrazo.
Tú, tierra firme y serena,
yo, un mar de lágrimas de amor.
Dirijo mis pasos hacia la arena,
dejando atrás el temor.
Forjando lentamente una amistad,
pura y bella como un amanecer.
Lugar de cobijo en la tempestad,
que me ayuda cada día a renacer.
Arrópame con tu manto de cálido amor.
Ruego a la vida que no te aparte de mi lado,
quiero devolverte con creces
todo el amor que me has dado.
![]() |
| Gonzalo Torné - http://www.facebook.com/pages/Gonzalo-Torn%C3%A9-Artes-pl%C3%A1sticas/208287289221720 |
jueves, 26 de enero de 2012
Viaje en la noche.
El amor es el sentimiento más poderoso que existe.
Esto es lo que siempre he pensado y ahora con más fuerza que nunca. Dejadme que os cuente mi historia.
Mi nombre es Alex, tengo veinticinco años y comparto mi vida con la mujer para mí, perfecta. La conocí en una fiesta que un amigo celebraba en su casa. A mis veinte años yo era el típico joven alocado, que iba de fiesta en fiesta. Ella, a sus diecinueve años era la chica más hermosa y dulce que jamás había visto, tenía una larga melena rubia, sus ojos, rasgados y verdes. Sus facciones angelicales me enamoraron nada más verla.
Esa noche cuando al cruzarnos nuestras miradas se encontraron, yo diría que se buscaron, supe que era el momento. Retrocedí sobre mis pasos y fui hacia ella.
—Perdona, espera por favor… — Le grité.
Se giró sonriendo, como si supiera y esperara lo que iba a pasar. Les hizo unas señas a sus amigas para que se adelantaran sin ella. Mi corazón parecía galopar a medida que me acercaba a su lado.
—Hola, me llamo Alex, creo que no nos habían presentado.
—Hola, yo me llamo Daniela, encantada.
Nos dimos la mano y se acercó a mí para saludarme con un beso, fue entonces cuando al contacto con su piel sentí una sensación realmente especial, fueron unos segundos pero sentí que jamás nos volveríamos a separar.
Y así fue. Comencemos una vida en común. Todo sucedió muy rápido, nuestro amor era intenso y ardíamos de pasión. Éramos muy jóvenes pero estábamos tan seguros de nuestro amor que no podíamos esperar más para compartir los días y las noches, deseábamos que los segundos fueran horas.
Para mí la vida carece de sentido si no estoy junto a ella.
Después de todos estos años sigo pensando que es la mujer de mi vida, que siempre lo fue.
Hace una semana fue su cumpleaños y celebramos sus veinticuatro años por todo lo alto. Cena, baile, amor mucho amor, como dos adolescentes, somos novios eternos. Al llegar a casa estábamos agotados así que ella cayó rendida y se durmió al instante. Yo suelo quedarme contemplándola mientras duerme, hasta que el sueño me vence. Ella es la última imagen que deseo ver al acabar el día y la primera al despertar. Nunca hubiera imaginado lo que me esperaba aquella noche.
Cuando empezaba adormecerme note una sensación rara, era como un extraño hormigueo que recorría mi cuerpo, estaba consciente pero no podía mover ni un solo músculo. Cerré los ojos un segundo y al abrirlos estaba sumido en una profunda oscuridad, no había nada a mi alrededor, solo un inquietante silencio roto por mi respiración agitada. Mi cuerpo comenzó a elevarse en posición horizontal. Me asuste, no notaba el peso de mi cuerpo, estaba suspendido en el aire. Algo me impedía hablar, gritar, pedir ayuda. El miedo y la angustia se apoderaban de mí. Note como si una fuerza tirara de mi pecho. Mi mirada permanecía fija en un punto de luz donde se abrió un profundo túnel que se fue convirtiendo en una espiral azul a la que me dirigía a gran velocidad. Todo a mí alrededor giraba, apreté mis ojos fuertemente pensando que despertaría así de aquella pesadilla. Aunque en el fondo sabía que aquello era real.
No puedo recordar nada más, no sé el tiempo que duro toda aquella agonía. Supongo que perdí el conocimiento. Lo último que recuerdo era que pensaba en Daniela, temía por ella.
Al despertar me encontré en mitad de una carretera desierta, rodeada de enormes montañas. Debían de ser sobre las tres de la tarde, el sol caía calentado el asfalto. Estaba agotado y desorientado, miraba a mí alrededor preguntándome una y otra vez ¿Dónde estaba? ¿Que estaba ocurriendo? ¿Estaba soñando? Aquello tenía que ser una pesadilla ¿Dónde estaba Daniela?....
Caminé por el borde de la carretera esperando encontrar a alguien. Tenía la sensación de que por mucho que avanzaba no me movía de aquel lugar. Parecía estar dando vueltas sobre un mismo eje, el paisaje se repetía y mi desesperación crecía.
Abstraído en mis pensamientos, abatido, levante la vista y observe un automóvil aparecer entre las curvas. Venía a gran velocidad, demasiada, parecía fuera de control. Ante mis ojos atónitos el coche impacto con violencia sobre la muralla de piedras que bordeaban la carretera, dio varias vueltas de campana hasta frenar el impacto de nuevo contra las rocas.
Corrí, corrí lo más rápido que pude, olvide todo y solo pensaba en llegar hasta el coche con el temor de lo que podía encontrarme. El accidente había sido tan violento que creía casi imposible que los pasajeros hubieran sobrevivido. Veía un reguero de combustible salir del automóvil, el depósito se había roto, convirtiéndolo en una bomba de relojería que podía explotar en cualquier momento al contacto con la menor chispa. Las altas temperaturas y el calentamiento del asfalto favorecían la tragedia.
A medida que me acercaba empecé a oír un llanto desgarrador. Había un bebe en el interior, mi corazón se aceleró. Llegué al amasijo de hierros en el que se había convertido el automóvil y allí estaba, en la parte trasera había una niña que apenas tendría un año. Su cabello rubio estaba ensangrentado y lloraba sin cesar. El conductor era un hombre de unos treinta años, estaba inmóvil doblado sobre sí, inconsciente. Los laterales del automóvil estaban destrozados, arrugados como una hoja de papel. Estiré de lo que antes era una puerta con todas mis fuerzas mientras trataba de calmar a la pequeña.
—No llores princesa, todo irá bien. No tengas miedo, te sacaré de ahí.
No dejaba de hablarle mientras intentaba abrirme un hueco por donde poderla liberar. Cada vez que dirigía mi mirada hacia ella me inquietaba más, veía la sangre brotando de su pequeño cuerpecito, pero no podía ver el alcance de sus heridas.
De repente uno de los cables produjo una chispa y la parte delantera empezó a arder. Cada vez la pequeña estaba más asustada, su mirada me desgarraba el corazón. Tenía que sacarla de allí como fuera. La tensión que sentía era insostenible. Sentía que si algo le sucedía yo moriría con ella, moriría en vida, lentamente.
Con una fuerza inhumana movido por la desesperación, el pánico y el amor que aquella pequeña me trasmitía logré arrancar uno de los hierros que me impedían abrir la puerta y acercarme a ella. Su llanto ceso y se convirtió en una tímida sonrisa entre sollozos entrecortados. Sus lágrimas resbalaban por su preciosa carita y alzaba sus bracitos hacia mí. La liberé del cinturón de seguridad y vi que la sangre procedía de un costado. Uno de los hierros le había producido un profundo corte en la cintura. Tenía algún corte más en las piernas por la rotura de los vidrios, pero eran leves.
La abracé con fuerza, un escalofrió me recorrió el cuerpo y después sentí una enorme felicidad. Aquella mirada, sabía que jamás la olvidaría. Tenía que darme prisa, la aleje de allí lo suficiente para que si explotaba ella no sufriera ningún daño. Rasgué un trozo de mi camiseta y se lo puse alrededor de la cintura taponando la herida, quería evitar que perdiera más sangre. La senté en el suelo, no podía perder más tiempo el automóvil estaba en llamas.
—Ahora vuelvo princesa, voy a traer contigo a papá.
Regresé a toda prisa, comprobé que el hombre no estaba atrapado. Lo cogí por el tronco y tire de él con fuerza sacándolo del vehículo y arrastrándolo como pude al lado de la pequeña, quien al verlo se abrazo a él y lo llamaba con su dulce vocecita. La voz de un ángel.
—Papá, papá — repetía una y otra vez.
El hombre recobró entonces el conocimiento. Aturdido, entre quejidos de dolor abrazo a la pequeña con lágrimas en los ojos.
Allí contemplando aquella preciosa imagen con la satisfacción de haberlos salvado vi acercarse un vehículo hacia nosotros. Estábamos salvados, pensé.
Entonces de nuevo noté aquel hormigueo. El sol quedó oculto por una espesa nube grisácea, el cielo se oscureció y nuevamente aquella espiral que a medida que cogía velocidad me elevaba y me arrastraba hacia ella como una marioneta. Lo último que vi fueron aquellos preciosos ojitos mirándome. Esta vez por alguna extraña razón no sentí miedo sino todo lo contrario, tranquilidad.
Cuando desperté estaba en mi habitación, en mi cama, al lado de mi amada Daniela. No sabía el tiempo que había transcurrido, para mí había sido una eternidad. Pero allí todo seguía igual, como si nada hubiera ocurrido, incluso el reloj marcaba la misma hora.
Sentí la enorme necesidad de abrazarla, besarla y decirle lo mucho que la amaba y la necesitaba. Estaba agotado física y mentalmente, necesitaba sentirme arropado en sus brazos. Ella despertó por un instante me miró con aquellos preciosos ojos verdes, me beso y me abrazo. Volvió a dormirse mientras yo la seguía mirando, no podía conciliar el sueño.
Los primeros rayos de sol anunciaban que empezaba un nuevo día, pero yo permanecía anclado en los acontecimientos de la noche. Daniela solo mirarme noto que algo me sucedía. Me era imposible disimular ante ella, me conocía demasiado bien.
—Buenos días mi amor, te noto extraño ¿Estás bien?
No podía pensar en otra cosa que en lo que había sucedido la noche anterior. Tenía que saber si aquello había sido producto de mi imaginación, quizás me estaba volviendo loco. Decidí eludir responsabilidades y quedarme en casa para indagar. De todas formas no hubiera sido capaz de mover un solo dedo en el trabajo.
—Solo estoy algo mareado Daniela, no he descansado bien esta noche.
—No te preocupes, pasaré por la oficina y le diré lo que te pasa. Descansa Alex.
Cuando Daniela se marchó me puse rápidamente a intentar aclarar mi mente. Empecé buscando información sobre los significados de los sueños, luego sobre fenómenos extracorporales. Contra más leía más nervioso estaba. Lo que exponían en aquellos textos se podía asociar a lo yo había vivido, pero no entendía que relación podía existir entre aquella pequeña, su padre y yo.
Busqué incluso si se habían producido accidentes de tráfico en circunstancias parecidas, pero no halle nada. Decidí que tenía que olvidarlo, convencerme de que solo fue un sueño.
De nuevo la noche, no podía evitar pensar si me volvería a ocurrir, con cierto temor me acosté. Procedí a mi ritual sagrado, dormirme contemplando a mi Musa. Mientras la acariciaba pase mi mano por su cintura y de repente tuve un fuerte presentimiento. Ella tenía una cicatriz en la cintura por la que nunca le había preguntado. Era una absurda casualidad pero después de todo el día haciendo cábalas tenía que preguntarle. Así que con delicadeza le pregunté.
— ¿Cómo te hiciste esa cicatriz Daniela?
—Yo no lo recuerdo Alex, era muy pequeña. Mi padre me contó que cuando tenía un año de edad viajábamos los dos en coche. Habíamos pasado el día fuera visitando a unos familiares y de camino a casa mi padre sufrió un desmayo y por lo visto chocamos contra las rocas. El impacto fue brutal, el coche quedó destrozado, se incendio y estuvimos a punto de morir. Un matrimonio nos contó que nos encontró en el suelo abrazados lejos del vehiculó. Nos explicaron que desde lejos vieron a un hombre junto a nosotros, él fue quien nos salvó la vida. Cuando el matrimonio llego hasta nosotros el hombre había desaparecido misteriosamente, nunca supimos nada de él. Mi padre intento averiguar quién era, deseaba tanto agradecerle que nos salvara la vida aquel día, pero no logró encontrarlo jamás. La cicatriz fue del corte que me produjo uno de los hierros.
El destino quiso que ese día esa persona pasase por allí en el momento del accidente y a él le debemos que hoy tú y yo estemos aquí juntos.
Escuché su historia como un niño pequeño, sin pestañear, no podía articular palabra. Las imágenes vividas esa noche golpeaban en mi mente.
Había viajado al pasado, veintidós años atrás, justo en el momento del accidente, aquella pequeña era Daniela y yo la había salvado…Aquello me superaba.
Más que nunca trataba de buscar explicaciones a la experiencia que había vivido. Pero no las hallaba, no en este mundo, estaba fuera de toda lógica.
Ella y yo estábamos destinados a estar juntos o tal vez fuera que la fuerza de mi amor era más poderosa que su propio destino, al que yo había burlado.
— ¿Estás bien Alex, te ocurre algo? Estas pálido.
—No, no pasa nada princesa. Lo que ocurre es que te amo y te amaré más allá de esta vida.
La casualidad no existe…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







