jueves, 17 de noviembre de 2011

Víctima y verdugo


Raúl acudía a su cita diaria en un  antro recóndito a las afueras. Allí le esperaba ella. El tiempo se paraba en aquel lugar. Al regresar al hogar: mentiras, reproches y lágrimas…
Sus días transcurrían pendiente del reloj, deseando volver a verla. Todo perdía sentido al estar frente a ella, su matrimonio, sus hijos y su futuro. Nada importaba, nada recordaba.
Las visitas aumentaron hasta  convertirse en una obsesión destructiva. Cegado por una melodía repetitiva e hipnotizado por sus colores. 
Llego al límite y obtuvo el premio: lo perdió todo. Jugó su última moneda antes de saltar al vacío.





sábado, 12 de noviembre de 2011

Cinco fases

Este texto está basado en mi propia experiencia y en la de las personas que me rodean. Las cinco fases a las que me refiero en el titulo no son más que las etapas que he vivido hasta ahora, y las que he visto a los demás vivir. 
Primera fase; La niñez
La etapa más bonita. Inocencia y juegos. Donde la única preocupación es pensar si te has portado bien para que los Reyes Magos te dejen aquello que pediste. Donde todo el amor es para los papis. El único deber, ir al colegio y aprender. Nacen las primeras amistades, quizás algunas de ellas te acompañen durante años, otras son pasajeras. Todo es un descubrimiento. Aquí es donde la educación y los valores que te enseñen marcaran en parte tu vida.
Segunda fase; La adolescencia
Una etapa importante. Ahora desde donde estoy la veo bonita, divertida y la añoro pero cuando estaba en ella no la vivía así. Es un tiempo en el que la personalidad se define, pero los altibajos son constantes. Los miedos surgen, la vergüenza te hace perderte momentos bonitos. Los primeros amores se viven intensamente y cuando te decepcionan crees que eres la persona más desgraciada del mundo, que jamás encontraras el amor. Las amistades son muy importantes, son un apoyo esencial, pero como en el amor también se sufren desengaños con los amigos. Piensas que los mayores no te entienden. Y deseas ser mayor porque crees que todo es más fácil. Se tiene prisa para todo…Gran error.
Tercera fase; La fase adulta
La etapa más rápida. Unas personas por los estudios, otras por el trabajo, la familia, los hijos, el caso es que todo se centra en sacar adelante lo anterior y no te das cuenta de que los años están pasando veloces. Estas inmerso en una rutina, todos son problemas y facturas. No tienes tiempo ni de pararte a pensar, eres un robot y una víctima de la sociedad y el consumismo. Estas continuamente enfadado contigo mismo y con el mundo que te rodea. Ves y oyes pasar cosas a tu alrededor pero no te involucras, es como ver una película, cuando acabas apagas el televisor y continuas como siempre.
Cuarta fase; La mía
La etapa de los cambios. Esta en teoría tenía que haber llegado a ella dentro de unos añitos pero yo siempre fui muy adelantada en lo que respecta a la vida. Así que me incluyo antes de tiempo en esta fase.
Los hijos empiezan a ser más independientes, no te necesitan para todo, empiezan a volar de debajo de tus faldas. Las facturas no menguan al contrario… Vas perdiendo a las personas que quieres por vejez, enfermedad o antes de tiempo y de forma que no logras aceptar. Y llega un instante en que algo dentro de ti hace clik y miras hacia atrás, analizas tu vida. Te das cuenta que apenas te has enterado de esos años pasados, que todo ha ido tan rápido… Tienes recuerdos, fotos, vídeos, pero no sabes decir si en aquel momento lo disfrutaste. Reflexionas y ves que te queda tanto por hacer de aquello que soñabas. Empiezas a ver lo que realmente es la vida, lo que importa de veras. Todo se ve diferente, todo se siente diferente. Es ese momento o te declinas por el cambio o continúas tu línea, todo depende de las carencias que se tenga y del valor para llevar a cabo el cambio. 
Quinta fase; La más dura
La etapa del recuerdo. Bueno, de esta no puedo hablar demasiado, quizás si sigo con este blog dentro de mucho años más acabare de escribir esta fase. Por las personas de mí alrededor, esta es la etapa en que recuerdas toda tu vida. En la que te arrepientes y te alegras. En las que las enfermedades hacen aparición, impidiéndote seguir disfrutando de la vida. Creo que es la edad en que más cariño se necesita, más apoyo y más cuidados. Pero igual que es dura es bonito llegar a ella, es señal de que has vivido y si lo has hecho bien, habrás disfrutado de cada momento.

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Una ventana a los sueños
Llévame a través de tus versos a tu mundo. 
Un mundo de ensueño, donde las palabras son el alimento del alma. 
Donde el tiempo ralentiza su ritmo, los minutos se convierten en horas.
Donde el embrujo de la noche te abraza y la soledad se puebla de estrellas.
Con cada verso un suspiro, con cada estrella una sonrisa.








lunes, 24 de octubre de 2011

Al límite


Hoy he vuelto acudir como desde hace más de un año a nuestra cita. Llevo todo el día pensando en ello, me encanta hacerlo contigo al anochecer y dejar que la luna sea testigo de nuestro momento. Acabo extenuada a tu lado pero lo deseo.
Mientras corría a tu encuentro me repetía una y otra vez que hoy seria diferente. No pienso dejar que tú tomes siempre la iniciativa, hoy voy a ser yo, te voy a llevar a mi terreno. Como si de la primera vez se tratara empezamos muy suave, disfrutando del momento. Tú vas subiendo lentamente el ritmo, yo siento que mi corazón se dispara. Me acerco a ti, tu piel roza la mía, cruzamos nuestras miradas. Mis pulsaciones se disparan. Siento que las piernas me van a flaquear, pero no puedo ni quiero parar. Hoy tengo que llegar al final.
—Tu respiración está muy acelerada—me dices sonriendo. 
—Sí, pero no pares, sigue—te respondo con la voz entrecortada y una tímida sonrisa.
Tus movimientos son cada vez más rápidos, yo me dejo llevar. Cierro los ojos y parece que estoy sobrevolando el paraíso. El momento llega a su fin, hemos llegado juntos al límite.
— ¡Ha sido increíble! No creo que podamos mejorar lo de hoy. 
—Sí, siempre se puede superar.
Una vez descargada toda la adrenalina acumulada con una hora de footing, solo queda llegar a casa y disfrutar de una refrescante ducha.

martes, 18 de octubre de 2011

Perdida

Ilustración de Irene Martín





Malgaste mi tiempo trazando un camino hacia un final incierto. No sabía entonces que no era poseedora de mi destino. A cambio recorrí un sendero sombrío. Un paisaje de mustios arbustos de los que en ocasiones brotaba tímidamente una efímera y bella flor.
Bajo mis pies la tierra se resquebraja. Presencias oscuras surgían a mi paso. Ansiaban arrastrarme hacia la nada, apoderarse del alma sumergiéndome en su soledad. Herida, avanzaba, mientras las esperanzas de hallar el camino soñado mermaban.
Finalmente un cruce de caminos donde debía escoger, opté por desobedecer al corazón…
Perdí la noción del tiempo, sucedió en mi pasado o quizás en mi presente…M
e perdí o tal vez jamás me hallé.



http://www.irenemartin.com/

lunes, 19 de septiembre de 2011

La maleta


Es enero y la noche está fría y húmeda: la lluvia ciega los cristales. Mantuve la mirada fija en las dos rosas que dejaste al marchar; el tiempo las marchita como hizo con nosotros. Los recuerdos caen ahora en este abismo de silencio en el que se ha convertido nuestra casa. Y agradezco este llanto, que los ahoga.
Con la luz de la mañana, borro las huellas que de ti continuaban en mi piel. Y decido que es el momento de hacer la maleta. Busco en el baúl, cerrado hace tiempo, que aguarda, lleno de polvo, bajo la cama. —Volvamos a intentarlo—me digo. Y recojo del baúl fuerza para olvidarte, ilusión para conseguir mis sueños, pasión para amar de nuevo y esperanza para seguir viviendo. Y lo coloco, todo junto, en la maleta.

viernes, 26 de agosto de 2011

Último vuelo

Tanto tiempo soñándote, imaginando que sigues a mi lado. Han pasado dos años desde que te fuiste y todavía se respira tu olor en cada rincón de la casa. Me prometiste que volverías —Solo son dos días, volveré pronto—, mentiste.

Todo me recuerda a ti, hasta el detalle más simple, y son estos recuerdos los que hacen que te odie y siga amándote. No podré superarlo sin ti. Me repito constantemente lo que todos me repiten —Debes olvidarlo, princesa—. Cómo olvidar tu boca, aquellos besos, los brazos en los que me cobijaba y me sentía segura. Tu recuerdo me hace enmudecer, la nostalgia me paraliza y mi mundo se tambalea.

Cada día, al amanecer, me levanto, me pongo el vestido que tanto te gustaba y me pinto los labios con tu color favorito, rojo pasión —Debo de darme prisa, es la hora de ir a recogerte, la hora en la que debías haber vuelto. Quizás hoy sea el día que regresas.

Y aquí estoy, de nuevo esperándote, sentada entre una multitud de personas ajetreadas que arrastran las maletas de un lado a otro del aeropuerto, como hacías tú antes de emprender tu último vuelo.

  

domingo, 7 de agosto de 2011

Más allá de la vida

1 de junio de 2007 

Querido diario, hoy escribo para despedirme de ti. Ya no tengo fuerzas, las manos no me responden, la vista me falla, y además confundo las palabras. 
Hay días en que parece que todo va mejor, pero no son más que falsas esperanzas. Este demonio se apodera de mí. 
Hay una enfermera muy agradable y dulce conmigo, se llama Inés, está muy pendiente de mí, siempre tiene una sonrisa dibujada en su rostro; le cuento historias sobre mi vida y ella las escucha atenta. Estoy muy cansada. Tal vez le pida que escriba ella en mi diario.

--- Hola Inés, aquí estoy esperándote, hoy no me he ido a la discoteca.
--- Qué humor tienes, Teresa, así me gusta, cielo. Como te encuentras hoy, ¿has comido bien?
--- La verdad es que no; el doctor dice que me van a dar la comida por sonda, no me entra nada.  

       Verás, Inés, te quería pedir un favor…
--- Dime, cariño, lo que tú quieras.
--- Te importaría escribir por mí en mi diario.
--- Será un honor, sabes que solo tienes que pedirme las cosas, haré lo que esté en mi mano.

3 de junio de 2007

Querido diario, no es mi mano las que escribe, es la de Inés. Esta chica tiene una paciencia infinita, porque mis palabras cada vez salen más débiles.
Rafa viene a verme todos los días; yo le pregunto por su padre, hace dos semanas que no ha venido. El dice que Juan está enfermo, se ha hecho daño en una pierna y no puede venir… ¡Ay, qué mayores nos hacemos!
Le echo mucho de menos, nunca hemos pasado tanto tiempo separados, me gustaría verlo antes de perder la razón, y sé que me queda poco tiempo para que eso suceda. Logré vencer al cáncer cuando lo tuve en los ovarios, y la vida me dio una tregua para disfrutar de mi nieta y de mis seres queridos. Pero ahora está en mi cabeza y avanza rápido.
Estoy contenta, vienen a verme cada día mis hermanos, mi hijo, y muchos amigos, pero me faltas tú, Juan, amor mío.

5 de junio de 2007

Querido diario de Teresa, soy Inés. Ella quiere que siga escribiendo yo en su diario porque su estado empeora y casi no puede hablar, aunque no para de preguntar por su marido. Está triste, por momentos pierde la consciencia y ya no se puede mover.
He hablado con su hijo y me ha contado algo terrible que ella no debe saber. Juan, su marido, hace dos semanas que está ingresado por un maldito cáncer de huesos; cuando se lo detectaron ya era tarde, está muy avanzado y parece ser que ya está totalmente sedado; los médicos le han dicho que puede morir dentro pocas horas.



Hoy, al llegar a planta, me he encontrado con una triste noticia. El hijo de Teresa ha llamado para informarnos que llegarán más tarde a su visita. El padre ha fallecido de madrugada, y lo han avanzado todo para que esta misma tarde sea el sepelio. Nos dijo que no le digamos nada a su madre.
Me dirijo a la habitación 375 a ver a Teresa, con el corazón en un puño. Cuál es mi sorpresa al encontrármela muy animada y con su cabeza más lúcida que nunca. Con una sonrisa me dice:

--- Hola Inés, tengo una buena noticia, coge mi diario y anota, por favor.
--- Claro, Teresa, dime.

8 de junio de 2007

Hoy he recibido la visita de Juan, ha sido de madrugada, no sé cómo le han dejado entrar, pero me alegró tanto verlo. Venía muy guapo, con su traje azul marino, el que llevó en la boda de nuestro hijo.
Me ha dicho que esté tranquila, que él ahora ya no sufre, que muy pronto volveremos a estar juntos. Me dio un beso y se marchó.
Durante un rato sentí una paz enorme, me encontraba tan bien que no sentía ningún dolor.
Tengo ganas de estar con él, volver a pasear de su mano. Volver a viajar, nos gusta mucho, hemos ido cada año a un lugar diferente. Nos lo pasamos muy bien. A Juan le encanta bailar, a mí mirarlo cuando baila.
Ahora estoy más tranquila, sé que se encuentra bien. Y estoy segura de que mañana volveremos a vernos.


Yo no podía asimilar lo que me contaba, tenía la piel erizada y las lágrimas a punto de saltar. Escribí en su diario todo lo que me contaba, luego la abracé fuerte y le dije lo contenta que estaba por ella.
Antes de acabar mi turno, llegó el hijo de Teresa. Venía del cementerio, y ella le contó la visita de su padre. Él la escuchaba asombrado, su corazón no podía con tanto dolor, estaba agotado y como en una nube, de la que bajó de golpe al oír que el traje que Teresa decía que se había puesto para venir a verla, era el mismo con el que acababan de enterrar a su padre.

Aquélla misma noche, antes del amanecer, Teresa murió.