miércoles, 29 de junio de 2011

Nunca es tarde

Te deslizas serpenteando hacia mí. Me inyectas tu veneno paralizando mis músculos, mis sentidos y esperas….
Esperas…. acechando sin tregua, escondida bajo una máscara.
En mi soledad, silencio y sombras de un ayer que añora un mañana.
El día se convierte en noche, cómplice de mis llantos.
Mi corazón aletargado ansia despertar.
Te acercas de nuevo, sigilosa, me rodeas y me asfixias lentamente.

Mientras, cierro mis ojos impotente, siento como me invades y busco en mi interior el antídoto que me libere de tú veneno.
Aferrada a mis recuerdos, atrapada en una espiral de culpa y reproches, aislada.
No, no quiero vivir así ¡!
No eres más que un espectro y como tal te desvanecerás.

El antídoto empieza a hacer efecto. Vas liberando mi cuerpo, te alejas reptando, sé, que en busca de otra víctima, a la que puedas sumir en una profunda tristeza.
Me arrastro fuera de las cuatro paredes en las que perdía mis horas, mis días…. mi vida.
Mis ojos son cegados por la luz del día. El aire es espeso y me oprime el pecho.
Me siento pequeña….
Pero sigo adelante, diminutos y pesados pasos ante la inmensidad, ante una multitud de personas. Ajenas al pánico que siento ante su presencia.
A medida que avanzo, crezco y mi sangre vuelve a impregnar mis venas de vida, ese maravilloso olor a vida.


Nunca es tarde para empezar de nuevo a vivir.







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